Así escriben los latinoamericanos

Juan Carlos Onetti, el inventor de la novela latinoamericana moderna

Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909 – Madrid, 1994), Premio Cervantes 1980, es uno de los escritores de mayor reconocimiento en el ámbito de la lengua española y tal vez de más prestigio en la actualidad, pese a que su mundo narrativo no fue muy bien comprendido por la crítica, que en los inicios de su carrera relegó a un segundo puesto obras consideradas piezas maestras como El pozo (1939), La vida breve (1950), Los adioses (1954) o El astillero (1961).

Silencioso, huraño, irónico, la biografía de Onetti se redujo a la soledad, el encierro, la lectura y, por supuesto, la escritura. Sin embargo, la vida que insufló a la ficción es infinita y luminosa, como la ciudad de Santa María, cuyos personajes Larsen, Brausen, Petrus o Díaz Grey –esos otros a través de los cuales el autor acometió la difícil tarea de existir–, criaturas que escarban en su conciencia un sentido que no encuentran ni en el amor, los recuerdos y el sueño, porque pese a sus esfuerzos su huida no los libra de esa culminación del fracaso que es la muerte. Onetti dejó un legado literario impostergable e imprescindible.

Santa María. El núcleo de la literatura de Juan Carlos Onetti supone un intento obcecado por habitar ese universo designado como Santa María. El camino que culmina en la fundación tal microcosmos se inicia en El pozo y se consolida definitivamente en La vida breve, obras que dibujan un argumento y una trama: la historia de un solitario que entre sueños, recuerdos e invenciones descubre una cierta reparación de su hastío, un mundo paralelo donde puede ser con las posibilidades que le ofrece la imaginación. Así se nos revela la ciudad portuaria donde encontramos el astillero como metáfora del fracaso. Con Onetti transitamos por calles arboladas que van a morir al muelle; descubrimos el prostíbulo, el bar del Plaza, parques y restaurantes que dan cobijo a personajes como Larsen, Díaz Grey, Angélica Inés, Petrus, Moncha Insurralde, que se imponen con su carga de vida y desolación.

“El amor es maravilloso y absurdo e, incomprensiblemente, visita a cualquier clase de almas. Pero la gente absurda y maravillosa no abunda; y las que lo son, es por poco tiempo, en la primera juventud. Después comienzan a aceptar y se pierden.”

De El pozo, de Juan Carlos Onetti

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