Cómo escribir una autobiografía

Cómo escribir una autobiografía

Ir hacia el mundo interior como un intento de narrar nuestras vidas nos lleva a pensar en una autobiografía. Si sientes el impulso de escribir una autobiografía, la necesidad puede variar entre saber quiénes somos, en qué nos hemos convertido, recuperar el pasado, encontrar cierto bienestar o curación emocional o simplemente ordenar nuestros recuerdos.

La búsqueda personal se enfoca en el deseo verbal, en la experiencia vivida que quiere ser relatada y compartida. El yo narrador indaga en el remolino de su introspección, lo cual puede derivar en una aventura insospechada. El narrador opta por un punto de partida para proyectarse hacia el pasado como fuerza vital que da arranque al autoexamen para hurgar en los recuerdos, en sus diarios de viajes, en sus cartas, en sus sueños y deseos, y descubrir sus fortalezas y debilidades. En algunos casos, el mismo punto de partida le sirve para direccionarse hacia el futuro y, así, planificar cambios en su vida o reinventarse.

Los hechos del pasado pierden su forma original cuando queremos traerlos al presente. En la búsqueda de lo perdido, incluso, su relevancia puede ser distinta. Podemos encontrar alguna forma de escritura en este punto que permite ciertos elementos ficcionales que pueden contribuir a mantener la atención del lector y sortear el aburrimiento. Como sucede con los textos narrativos y la literatura en general, las autobiografías también buscan realizar un cambio en los lectores. El autor con su propia voz, con la singularidad de su vivencia, cuenta lo que no puede ser contado por otro. Es su propia personalidad que se manifiesta y quiere llegar a la subjetividad de quien lo lee. El solo hecho de escribir no le asegura esa llegada. Necesariamente, debe rastrear a su lector para crear el espacio en común que hace bullir los mecanismos de aprendizaje y de transformación.

Si te propones escribir tu historia personal, pareciera que los desafíos que enfrentas se volvieran más intrincados en cuanto quieras conservar la autenticidad y cautivar a los lectores al mismo tiempo, lo que puede resultar paradójico. Sin embargo, el lector que busca leer una autobiografía quiere comprender mejor su propia vida y revisar sus emociones y recuerdos, anhela aprender de las vivencias del otro y de los matices de su espíritu y de sus certezas e incertidumbres. En pocas palabras, probablemente quiera explorar lo que no entiende del todo y encontrar un bálsamo para sus pesares. Este es el punto sutil de articulación entre el emisor y el receptor de una autobiografía, a veces repentino o brusco, que desacomoda el aburrimiento y produce un texto de goce en palabras de Barthes,[1] con el fin de compartir experiencias como formas de transformación.

[1] Roland Barthes (1974) El placer del texto, Buenos Aires: Siglo XXI.

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